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Algún defecto debía tener: es demasiado religioso (católico, cristiano, qué sé yo). Era demasiado lindo para ser verdad. Pero bueno. Tengo un agotamiento mental rarísimo, me duele la cabeza y arden los ojos a un nivel insoportable. Estuve todo el maldito fin de semana leyendo Madame Bovary para que al final la de Teoría no llegara, mandara a su adjunta y de la clase no se mencionara ni un pelo de la buena de Emma Bovary. Luego, todo la mañana del lunes leyendo el tedioso capítulo de Orientación de teorías críticas en El espejo y la lámpara de Abrams para que a la mera hora llegara la adjunta y lejos de esclarecer el texto sobre teorías miméticas, pragmáticas, expresivas y objetivas, lo revolviera mucho.
Bien, ya lo confesé. Me cae mal la adjunta de Teoría y creo que es malísima profesora. Creo que es mi equivalente oral, pues así como yo soy rebuscada y chorera al escribir, ella lo es al hablar. Pero, lo juro, es mucho más fastidioso escuchar a alguien que quiere enaltecer cada palabra, que leerle. Revuelve temas tan sencillos a tal grado, que espero no volverla a ver en lo que queda del semestre. Me jode confesarlo, pero ayer me dio por pensar que yo hubiera dado la clase sobre Orientación de las teorías críticas mejor que ella. Espero que no sea un preludio de mi profesión de maestra.
Para concluir con esta línea, llevo desde la semana pasada analizando estrofa por estrofa el Cantar de los siete infantes de Lara, que se encuentra en español antiguo, para que tampoco llegara la de Medieval y otra maestra se pusiera a hablar del Cid, libro que ya no alcancé a leer por estar con los Infantes, la Orientación y lo de Bovary. ¡Perfecto! Y yo que tanto me esforcé en intentar entender de qué iba ese cantar épico. Sé que Ruy se iba a casar con una fulana que le pidió que matara a sus sobrinos los siete infantes. Gonzálo, su padre, lamentó una por una sus muertes y juró venganza. Mudarra, hijo de Gonzálo y hermano de los infantes, batalla con Ruy y lo captura, lo lleva a su madre (quien se empeñaba en beber de su sangre) y al final lo descuartizan y apedrean (también a su esposa). Eso es lo que capté. (NA: El castellano romance es hermoso, se parece tanto al portugués).
Lo bueno de todo esto es que, mi queridísima maestra de Maya ayer, a penas me vio, me felicitó por mi texto y me pidió que sonriera como si me diera gusto (soy seria, mea culpa), que le había gustado mucho en verdad. Empezó destrozando caada uno de los textos de mis compañeros y, al llegar a otra compañera y a mí, no tuvo nada que decir. Simplemente nos los entregó con una sonrisa cómplice. En mi trabajo sólo había un error y juro que fue de dedo (es algo tan estúpido que no puedo ser ni accidental, una preposición totalmente donde no tiene nada que hacer).
Además me confió unas copias muy preciadas para ella. Dijo que se las encargaría a alguien de confianza, responsable y que con seguridad se las daría igual o todavía mejor de lo que estaban. Entonces volteó hacia mí y me las dio. Bueno, confesión número dos: soy fan de mi maestra de Maya, a tal grado que he pensado en lo maravilloso que sería dedicarme -luego de terminar la carrera- a la investigación seria de la cultura maya (con seria me refiero a que eso sea mi trabajo, ser investigadora). Pero estoy conciente de que me dejo llevar por las impresiones. Ni siquiera he empezado a leer el Popol Vuh.
A manera de anotación final: ¡qué pinche extraña es la vida! Me lo vine a encontrar en una clase, eso ya es una casualidad más que extraña y surrealista. Al menos eso me da cierta tranquilidad, ya no estoy aterrada -pero sigo con un miedo gigante-. Bueno, faltan cada vez menos días, horas, minutos para 1) que lu venga al df; 2)que silvio venga a dar un concierto al df. Ese es el consuelo de mi agotada cabecita.