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Un fin de semana mierda en Mante, como siempre. Pero hoy, ahora, estoy más tranquila. Hablé con el viejo y con sus amigos, con una prima suya también. Tengo más clara la situación. Primero debo informarme bien, tomar una decisión por mí misma. Su compadre me habla maravillas de la UNAM, que si entro ya no me voy a querer ir allá y tal. Me hacía falta esa motivación para echarle más ganas al estudio, que de verdad he dejado muy de lado.

Igual terminando exámenes me voy al D.F. para hablar por mí misma con la embajada y aclarar todas mis dudas y tal. Si no paso en la UNAM, si veo que la otra opción no es conveniente, me iré de voluntariado para volver a intentar en la mejor universidad el próximo año. No quiero estudiar en Guanajuato, a pesar de que amo amo la ciudad y tal. En otras cosas E. V. me prestó La insoportable levedad del ser de Milán Kundera, que me recomendó recientemente Sandy K.

Está joya joya, de verdad. Hace siglos que no me metía tanto con una novela, me hacía falta apasionarme así. La verdad ni con Demián, que es la última novela que había leído recientemente, me pasó. Estoy respirando a Teresa, con su debilidad tan mía, a Tomás y lo que busca de individual en cada mujer con que hace el amor, a Sabina y su inalterable deseo de traicionar y su amor por los cementerios, a Franz, liberado por Sabina de la madre que encontraba en su esposa. Joer está buenísima.



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Me gusta sentirme así. Verlo y sentir esto. Lo que no me gusta es no poderle sostener la mirada, pasar a su lado sin decir nada. Qué más da. Hay cosas más importantes en las que pensar. Todo este rollo del voluntariado, por ejemplo. Me siento decidida a ir, pero sin el apoyo de los viejos será toda una odisea conseguir el dinero. Además la doña recién me comentó de algunos efectos desagradables que puede tener mi decisión con el estudio de la carrera.

Joder no sé, siento que el tiempo se acaba y no llego a ningún lado por más que busco. Estoy tan perdida, demonios. Hasta hace unas horas podía decir con toda seguridad que contra viento y marea haría lo posible por ir, pero ahora que han entrado en juego otros requerimientos de la embajada no sé. Tomar de lo bueno lo mejor, eso es discernir. Quiero dar con la respuesta de toda esta mierda de una buena vez. Y quisiera sentir sus brazos, pero eso qué.



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Mario,

Te he escrito muchas cartas, traigo tu voz enterrada en el pecho y en los ojos las primeras lágrimas que de amor me hiciste derramar. Sabés que te quiero, como yo he aprendido que con tu quiero y con mi puedo, vamos juntos. Viene a cuento todo esto, porque me niego a decirte adiós, porque ayer, de la nada, me dijeron con frialdad: ¿Supiste que se murió Mario?y yo comencé a reirme nerviosamente, como sin querer creer lo que escuchaba.

Hace ya varios años que te conocí, con una pequeña y dulce, corazón coraza. Luego llegaron versos, más versos, tus palabras como flechas en mi firmamento, incendiando todo. El cielo mismo es un fuego que sin querer me enciendes. La maravilla de saber que puedo contar contigo, no hasta dos, ni hasta diez, sino contar conmigo. Trato hecho. Es tan lindo saber que por mi camino llegaste un día y que, aunque tu cuerpo yace frío en algún lado justo ahora, entre una pomposa ceremonia a la que acudirán las grandes personalidades, sigues caminando a mi lado.

Tú lo dijiste, nuestro amor fue siempre un niño muerto y que más da. Fue nuestro. Fue amor. Muerto o vivo, me diste, me sigues dando todo de vos. Siento unas ganas tan terribles de abrazarme a tu frente, de decirte que te quiero porque sos mi amor, mi cómplice y todo. Pero sobre todo porque sos grande como pocos al lograr que en la calle, codo a codo, seamos muchísimos más que dos los que respiramos de tu poesía y le encontramos un sentido a esta diaria lucha que se vive en América Latina gracias a ti, en algún sentido. Al amor. A la vida.

Todavía no puedo creerlo. Veo en las noticias tu rostro, escucho con tu voz los mismos versos y de fondo Nachita cantando un Te quiero. Hace poco leí Viento del exilio y ahí un poema que escribiste al llegar a los sesenta. Happy Birthday, se llama y en él te preguntas cómo será la vida cuándo no estés. Ese día, esa noche, te escribí una carta y todavía estabas vivo. Te respondía, con amor, lo único que puedo darte. Pero hoy perdí esa carta (o será que el dolor de saberte lejos me impide buscarla). Sos grande, Mario. Sos de los mejores y yo te quiero, te amo como a pocos. Descansa hoy y por siempre, que desde aquí te siguen recitando millones de corazones.



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Escribí un poema y qué más da. Odio no tener ordenador y ante la desconfianza de que lo que escriba mientras recupero el mío se pierda (nótese que es la primera vez que subo algún texto de mi autoría. Catherine Cosette Copyright):

Tú y la ventana

Recostado, así, junto a la ventana,
con tu espalda galopando al aire

y la mirada fija en el asfalto vivo
te encuentro un día, hoy, por siempre.

Entre el silencio no notas mi ausencia,
mi vaga presencia hoy, un día,
y yo te miro y quiero besarte todo,
sentirme en tu abrazo como sin miedo.

A veces pienso que vas como dormido
como soñando al caminar la vida
y siento celos de las ilusiones tuyas
y me resguardo en el espacio mío de ti.

Decirte que desde aquel día, noche,
(¡qué más da dónde estuvo el sol entonces!)
tus palabras me cruzan la frente, espadas,
y ya es costumbre verme saludándolas,
como si tú estuvieras en ellas, ventana.
Aunque ellas estuvieron antes en ti, hoy.



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A los anónimos:

No pienso aquí entrar en eternas discusiones sobre la libertad del anonimato y la cobardía que, por otro lado, lleva consigo o tal. Pero dado que a quien le dé su linda y regalada gana puede llegar y leer lo que se le antoje de mi poco interesante vida, creo que no tengo nada que perder al pedir que quien sea tan amable de leerme, me permita saber algo de su persona. Hay algunos anónimos por ahí que me desubican, antes los únicos anónimos eran de luce, pero distingo bien las palabras de luce y sé que ella no ha entrado por acá en un buen rato.

De modo que, te invito a ti que me lees y que sueles comentar, a decirme al menos tu nombre, qué sé yo. Según mis intuiciones en mi leve dominio de la lengua al distinguir la forma de expresarse de determinados individuos, son dos las personas que anonimamente me han leído por estos días. La invitación incluye a todos, los presentes o futuros, que piensen comentar bajo el universal nombre de Anónimo. Tomen en cuenta lo natural de mi curiosidad, soy humana y además, una humana con gran capacidad de asombro y deseo de encontrar respuestas.

La autora de este blog.

Y pasando a otros temas, hoy fui a un taller del voluntariado impartido por Richie que trataba del discernimiento. Me di cuenta de que no estoy siendo indiferente, hablando en términos ignacianos. Es lo que me falta. Y ¿a qué ser indiferente sino a estos obstáculos que me impiden llegar a mi crecimiento personal, al enriquecimiento de mi alma y tal? O sea, mis padres y su tonta idea de que no iré al voluntariado.

Hoy lo sé. Si iré. Si después de eso ellos deciden no apoyarme con mi carrera, tendré que salir adelante. A estas alturas de mi camino no se vale seguir apostando por lo más cómodo, lo más sencillo. Tengo algo que hacer, una vida que vivir en libertad, y es momento de que deje a un lado esas mierdas psicológicas humanistas de la incongruencia y tal. Estoy en desolación. Vale. Pero ahora se trata de movilizar mi espiritu hacia la consolación. Y yo puedo. Claro que puedo.