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Volveré a escribir aquí, porque ya me cansé del mal hábito al que me había adherido. Es mejor así. De mí para mí, agregados algunos curiosos que prefieren quedarse en silencio. Y bueno, estoy leyendo a Mauricio Brehm, no puedo parar de escuchar a Luis Ramiro y he aprendido que más vale no jugar a veces, porque las cosas pueden llegar más allá de lo esperado. Y me sigo sintiendo en desolación, aunque se presenta un hilo de entusiasmo por el próximo fin de semana, en que iré al D.F. al encuentro de aspirantes a voluntarios.

A veces tu misma existencia puede llegar más lejos de lo que adivinas. Da miedo pensarlo.



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P. Soto me prestó un libro de Mauricio Brehm, el citado hermano del padre Fritz. Eso me tiene contenta, emocionada. Hoy fue el taller de poesía con S. Uribe. Estuvo muy aburrido. Extraño a Xi, extraño mucho a Lu. A las demás personitas no las extraño tanto. ¿Por qué no seguir cantando y por qué no cantar tu nombre? Me jode muchísimo que sea más de lo mismo. He vuelto a superar al infecto ese, un punto más a la soledad. A veces pienso que preferiría estar pensando en el imbécil en lugar de no tener en quien pensar. Ni con quien hablar. Nada.



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Papá está en la ciudad. Me da tristeza verlo pero siento como si estuviera petrificada, incapaz de hacer algo. Él viene con mucha ilusión de estar con nosotras, de que lo llenemos de amor, de que lo trataramos como si en realidad cada día que pasa los extrañáramos. Él nos extraña. Eso cree, al menos. Yo sé que se siente solo, pero igual se siente solo cuando está con nosotras. Me da miedo lo parecidos que somos. Pero bueno, hoy fuimos él y yo a la playa como una hora a tomar fotos, ver el mar y caminar un rato.

Anoche vimos juntas una película bastante interesante: Fur. Es una historia ficticia creada alrededor de un personaje verdadero: Diane Arbus, fotógrafa estadounidense.Viendo sólo la película, podemos pensar que es rescatable, pero conociendo la verdadera historia de Diane, aunque sea en un esbozo, me doy cuenta de que se pudo haber sacado muchísimo más jugo de un personaje tan fascinante. Le tiraron por el lado romántico, dejando un poco al lado el fantástico lado artístico que pudo haber sido explotado. Además no me gustó Nicole Kidman para ese personaje, aunque no he visto ningún retrato de la retratista (redundancia, lo sé).

Básicamente no he escrito por acá por dos simples razones: la depresión y el hecho de que me estoy escribiendo con alguien. Obvio resulta más atractivo saber (tener la seguridad) de que alguien te está leyendo y que además te responde sin falta. Es un ciclo completo de la comunicación, mientras que esto se ha venido convirtiendo en un monólogo. Me voy, de momento, al cine con Lucía Z., la mujer de las mil aventuras.



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No he querido escribir porque sé que sólo me quejaría, me lamentaría u otras pendejadas inútiles. Es difícil no hacerlo en estos momentos, puesto que me va la vida en ello, como dice la canción. He estado jugando con mi cámara y el gran ángular, hace dos noches experimenté con el zoom y la luna.

Ayer empecé a leer Demián de Hermann Hesse y no me sorprende que me esté fascinando. De hecho ya bauticé al cuerpo de mi cámara como Sinclair y a los lentes como Max (el gran angular) y Demián (el zoom). Tiene razón de ser, Max Demián le permite a Sinclair ver la vida y verse a sí mismo de una diferente manera, más profunda, más auténtica. Blabla. En muchos momentos me siento Sinclair y en otros tantos Demián. Amo a Hesse, se sabe.