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No entiendo el mecanismo de las cosas. Hay quien se comporta conmigo de forma cruel y prejuiciosa. Hay también quien a pesar de mi mal trato me ayuda a salir adelante. No logro entender por qué. Si yo fuera él, mandaría a esa mocosa chiflada a la mierda. Es increíble pensar que hay gente así. Parece que no me cree cuando le digo Gracias. Este tipo de cosas son las que suelen devolverme los ánimos que me quitan los imbéciles que parecen disfrutar hacerme sentir una apestosa excresión fecal. ¿Cómo no agradecerlo?



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He tenido exámenes de mierda todos los días. Han pasado cálculo, estadística, psicología, UNAM, derecho, ajedrez y física. Quedan por delate fih y filosofía. Cabe destacar el examen de admisión a la unam, que fui a presentar el sábado que recién pasó. Me fue de la chingada al igual que en todos los otros putos exámenes y, de la misma forma, me vale pito. El D.F. sigue igual, cada vez parece gustarme un poco más. Amo el paseo de reforma, con sus sillas de diferentes diseños, y nunca me ha tocado calor en el periférico para ponerme a cantar la rola de Delgadillo que dice ay hermano, hermano, ¡qué calor hace en el periférico cuando le tumba el sol!

Anamari me dio una carta linda el viernes. Me hace verdaderamente feliz que me escriban, recibir palabras. Es un regalo muy lindo, de los más lindos. Me animó mucho y aún lo tengo en la mochila para releerlo y sonreír de vez en cuando. Luce y Xime, que son las únicas que me escriben, no lo han hecho. Cierto es que yo tampoco les he escrito. Soy una gran y asquerosa  excreción fecal.

Ya tengo en mis manos mi cámara nueva, réflex análoga igual que la otra, pero un poco más moderna, menos pesada, más estética y con un flash que si funciona. Pero eso no es lo que más me emociona, sino mis preciosos, perfectos y encantadores lentes gran angular y zoom. Son divinos. Me siento dios acariciando a esas bellezas, ajustando el enfoque y el zoom. El gran angular me enloquece para interiores por la deformación a la que tiende. El zoom es todo un soplo divino. No he salido a tomar fotos, pero ya recargué un carrete nuevo hace rato. Cuando se terminen de ir a la mierda todos estos exámenes del demonio, iré a todos lados con mis nuevos juguetes.



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Hoy es el día. Me declaro oficialmente deprimida. Como hace dos años, sí. Espero que esta vez permanezca en este estado menos de un año, dadas las circunstancias y todo. Tengo miedo. La vez pasada salí de esta crisis siendo izquierdista y presiento que de ésta terminaré adherida a alguna religión. Tengo miedo porque hace mucho que no creo en nada y porque sé que cuando esté convencida, creeré fervorosamente. Jue puta, po, como dirían los chilenos.



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Llegó mi tía de Baja California. Al parecer su madre, mi abuela, tiende a las falacias. No sé si sea la edad, no sé. Hay una canción que dice algo sobre ver a las horas pasar y decirles adiós. Quiero creer, en verdad quiero hacerlo. Quizás eso me falta. Necesito saber con qué llenar ese vacío que quedó. Dicen que el hueco que deja un hombre, sólo lo puede llenar otro hombre. No quiero depender de eso, no puedo. Debo encontrar algo, una nueva chispa. Los seres humanos estamos hechos de esperanzas.



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El césped, esa sensación de estar tumbada entre la mierda, sin cielo sobre nadie, ni estrellas en ningún lado. El viento, aquel murmullo de la vida, sin olor ni recuerdos, sin palabras formando versos. Lo que en otro momento podría hacerme sentir viva, hoy sólo me recuerda que por alguna razón estoy muerta. Estoy cayendo y tengo miedo, porque esto ya me ha pasado y bien conozco que la cosa no se detendrá hasta que toque fondo y la casualidad me mande una mano amiga, una esperanza, una respuesta.