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Ninguém me faz feliz como você me fez
Ayer terminé Las intermitencias de la muerte. El final me dejó excitadísima (entiéndase como lo dicta la RAE en su 2do punto). De esos finales que me dejan sonriente por varios minutos y que me despegan totalmente de la realidad. En serio que sólo por ese final valió la pena el libro, que a mi punto de vista está flojo en muchas partes. Yo quitaría algunas cosas que más bien hacen lenta la lectura. Jamás me imaginé ese final. Una verdadera delicia. Hmm creo que la historia estaría redonda si comenzara con la aparición del músico que, por algunar razón, no puede morir.
Saqué La muerte tiene permiso, de Edmundo Valadés. Tiene unos cuentos que son un verdadero placer. Con uno hasta lloré de ternura. Paréntesis. No sé cómo demonios digo que no tendré hijos si no hay nada que me enternezca más que la relación padres-hijos. Joder, a quién engaño. No podré escapar aunque me lo proponga, mi instinto maternal es más fuerte que mi razón. Se cierra paréntesis. (Es que de eso se trataba el cuento).
Y en cuanto a mí. No sé. Sigo sin estar como quisiera. Cada vez me cuesta más estar aquí, ahora. Ver rostros y más rostros, hablar sin decir nada, escuchar sin sentirme identificada. Pensar en el momento en que me iré de aquí, no para siempre, pero sí por unos cuantos años.
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